
De cero a criterio · Lección 2 de 7 · 10 min
Pedir bien: contexto, tarea y formato
Contenido de la lección
En la lección anterior, Luis le pidió a un asistente un resumen de un informe de doce páginas, y le salió bien a la segunda. Su primer intento había sido «hazme un resumen», y recibió tres párrafos correctos que valían para cualquier informe. El segundo decía para quién era y qué tenía que saber: «Resume este informe para mi jefa, que tiene cinco minutos antes del comité. Necesita saber qué falló y qué proponemos. Cinco puntos, sin tecnicismos».
El asistente era el mismo. Cambió lo que Luis le contó. Un asistente escribe la continuación más probable de lo que recibe: si recibe poco, lo más probable es lo genérico, y si le falta un dato, lo rellena con algo que suene bien.
En esta lección vas a ver qué tiene que llevar una para que la respuesta te sirva a la primera, cómo enseñarle con un ejemplo lo que quieres y cómo corregir sin empezar de cero. Al final escribirás la tuya para una tarea de tu día a día.
Todo lo que vas a ver vale para cualquier asistente, sea ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot. Por dentro funcionan igual, y a todos les pasa lo mismo cuando les falta información: la suponen sin preguntarte.
Piensa en alguien que acaba de llegar
Una manera útil de verlo: el asistente es alguien muy capaz que acaba de entrar a trabajar contigo y no sabe nada de ti. No conoce a tu jefa, ni a tus clientes, ni lo que hicisteis la semana pasada. Si le dejas una nota que dice «hazme un resumen», hará uno, pero no el que necesitas.
Anthropic, la empresa que hace el asistente Claude, lo plantea así en su guía para escribir instrucciones, y propone una prueba: enséñale tu instrucción a alguien de tu equipo que no sepa nada de la tarea. Si no entendería qué tiene que hacer, el asistente tampoco.
El asistente sí sabe lo general: cómo se escribe un correo o cómo se resume un texto. Lo que no sabe es lo tuyo, y eso es lo que hace que la respuesta te sirva.
Hay un atajo cuando no sabes qué contarle: pídele que te pregunte. «Antes de escribirlo, hazme las preguntas que necesites». Te dirá qué le falta, y tú decides qué responder.
Por eso una buena instrucción se parece más a un encargo bien hecho que a una pregunta. Tiene tres partes y, a veces, una cuarta.
Las tres partes de una buena instrucción
Casi cualquier encargo se arregla con tres cosas:
- Contexto. Quién eres, para quién es, la situación y el material: el texto que hay que resumir, los datos, lo que ya se ha dicho. «Presido una comunidad de doce vecinos, casi todos mayores».
- Tarea. Qué tiene que hacer, con un verbo concreto: resume, redacta, compara, propón tres opciones, corrige. «Escribe el aviso que voy a colgar en el portal».
- Formato. Cómo lo quieres: extensión, estructura, tono e idioma. «Cinco líneas como mucho, sin palabras técnicas y con la hora bien visible».
No hace falta que vayan en ese orden ni con esos nombres; lo que importa es que estén. Las guías de OpenAI y de Anthropic dicen lo mismo con otras palabras: da el contexto, di lo que quieres y cómo lo quieres.
Si falta el contexto, la respuesta será genérica. Si falta la tarea, hará otra cosa. Si falta el formato, acertará en el fondo y fallará en la forma: un texto el doble de largo, o con un tono que no es el tuyo.
Un ejemplo vale más que una explicación
Hay cosas difíciles de explicar: el tono de tu empresa, cómo escribes tú, el estilo de los avisos de tu comunidad. Para eso sirve la cuarta parte, que es opcional: un ejemplo de lo que quieres.
Si le pegas un aviso anterior que funcionó, el asistente lo imita: la extensión, el trato, hasta los signos. Los modelos de lenguaje aprenden muy bien de un par de ejemplos dentro de la propia instrucción, sin ningún entrenamiento aparte. Lo mostraron en 2020 los investigadores que presentaron GPT-3, y hoy todas las guías lo recomiendan.
Dos cuidados. El ejemplo tiene que parecerse a lo que quieres, porque copiará también lo que no te guste. Y si lleva datos de otra persona o de un cliente, cámbialos por otros inventados antes de pegarlo; en la lección 6 verás por qué.
También sirve el ejemplo de lo que no quieres, si dices que lo es: «no lo escribas como este otro, que parecía una carta del banco». Con dos ejemplos buenos suele bastar.
En la práctica siguiente montas una instrucción completa con sus piezas. Hay algunas que parecen útiles y no lo son.
Seis piezas para el aviso del portal; cuatro van en su hueco (contexto, tarea, formato y ejemplo) y dos no aportan nada. Debajo se ve la instrucción montada, lista para copiar.
Encargo: Quieres que el asistente te escriba el aviso del portal: el martes 14 el ascensor estará parado por la revisión anual.
- Contexto: Presido una comunidad de doce vecinos, casi todos mayores. El ascensor estará parado el martes 14, de 9 a 13 h, por la revisión anual. Quién escribe, para quién y qué pasa: sin esto, el aviso sería genérico.
- Tarea: Escribe el aviso que voy a colgar en el portal. Un verbo concreto y el destino del texto.
- Formato: Cinco líneas como mucho, sin palabras técnicas y con el día y la hora bien visibles. Extensión, tono y lo que tiene que destacar: así acierta también la forma.
- Ejemplo: Un aviso anterior que gustó: «El jueves no habrá agua de 10 a 12 por una avería. Disculpad las molestias». Imitará la extensión y el trato de este aviso.
Sobran: «Actúa como el mejor redactor del mundo.» (Cambia, como mucho, el tono. No le da ningún dato que no tenga.) «Hazlo bien, que es importante.» (No aporta nada que pueda usar: ni para quién ni cómo.)
Corregir sin empezar de cero
La primera respuesta casi nunca es la definitiva, y no hace falta que lo sea. Una conversación con un asistente se corrige como corregirías a alguien que te enseña un borrador: diciendo qué cambiar.
- «Más corto: tres líneas».
- «Quita los tecnicismos».
- «El tono es demasiado formal; es para mis vecinos».
- «Mantén el segundo párrafo y rehaz el resto».
Funciona porque el asistente tiene delante toda la conversación: tu instrucción, su respuesta y tu corrección. No hace falta repetir lo que ya está bien.
Empieza de cero cuando la conversación se haya ido por otro camino, cuando cambies de tarea o cuando lleve tanto rato que empiece a olvidar lo del principio; en la lección 5 verás por qué pasa. Y si empiezas de nuevo, aprovecha lo aprendido: escribe desde el principio una instrucción mejor, con lo que faltaba.
Lo que no hace falta
Circulan muchas fórmulas mágicas: empezar con «actúa como un experto», prometerle una propina, escribir en mayúsculas. Alguna cambia el tono de la respuesta, pero ninguna le da al asistente lo que le falta para hacerlo bien.
Un estudio publicado en 2024 lo midió con más de dos mil preguntas de datos y cuatro familias de modelos: decirle «eres un experto en…» no mejoró los aciertos frente a no decirle nada. Lo que sí cambia la respuesta es lo que nadie más que tú sabe: para quién es, para qué y cómo lo necesitas.
Tampoco hace falta escribir raro. Una buena instrucción se lee como un buen encargo a una persona: frases completas, lo importante primero y nada de adornos. Si te cuesta, di en voz alta qué quieres y para qué, y escríbelo tal cual.
Y no lo pidas todo a la vez. «Resume este texto, tradúcelo, corrige las erratas y propón un título» es mucho para un solo encargo: alguna parte saldrá peor. Mejor por partes, y miras cada resultado antes de pedir el siguiente.
Lo mismo pasa con las instrucciones larguísimas que circulan por internet para copiar y pegar: si no hablan de tu tarea, sobran.
Hazlo: tu primera instrucción completa
Elige una tarea real que vayas a hacer esta semana y que admita varias respuestas buenas: un correo, un aviso, el resumen de un texto que tú le pegues, ideas para un regalo. Con tu asistente:
- Pídesela en una sola frase, como lo harías sin pensar. Guarda la respuesta.
- Escribe la instrucción con las tres partes: contexto, tarea y formato. Si tienes un ejemplo de lo que quieres, añádelo. Pídesela en una conversación nueva.
- Compara las dos respuestas. Después corrige la segunda con una o dos indicaciones, sin empezar de cero.
- Por último, pregúntale: «¿Qué te habría hecho falta saber para hacerlo mejor a la primera?». Lo que te conteste es lo que faltaba en tu instrucción.
Apunta en tu cuaderno la instrucción completa y lo que cambió. Es la primera pieza de tu forma de trabajar: en la lección 5 la convertirás en una plantilla para usarla siempre.
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Comprueba lo que has aprendido · 3 preguntas
1Le pides «escríbeme un correo para mi cliente» y la respuesta es genérica. ¿Qué es lo más probable?
No es esa. La correcta es «Le falta contexto: no sabe quién es el cliente ni qué quieres decirle». Escribe lo más probable con lo que recibe. Sin saber quién es el cliente ni qué ha pasado, lo más probable es un correo que valdría para cualquiera.
2¿Para qué sirve pegar un ejemplo en la instrucción?
No es esa. La correcta es «Para que imite la forma: la extensión, el tono y la estructura». Los modelos aprenden muy bien de un par de ejemplos dentro de la instrucción. Imitan la forma, también lo que no te guste: elige bien el ejemplo.
3La respuesta está casi bien, pero es demasiado larga. ¿Qué haces?
No es esa. La correcta es «Le digo en la misma conversación: «más corto, cinco líneas»». Tiene delante toda la conversación: basta con decir qué cambiar. Empezar de cero tiene sentido cuando la conversación se ha ido por otro camino.
El asistente no sabe nada de ti. Contexto, tarea y formato convierten una pregunta en un encargo que sirve a la primera.
Fuentes
Los datos y las fechas de la lección se comprobaron en estas fuentes el 12 de octubre de 2026. Las que están en inglés son los textos originales.



